Gogoa
En plena tormenta llegue a casa en mi coche, explotaban las gigantescas gotas de lluvia contra el parabrisas, tras dudarlo un segundo salí del coche y me dirigí corriendo hacia la casa, ahora las gotas de agua templadas impactaban en mi creando regueros de agua que discurrían por mi piel como si estuvieran jugando a esquivar mis pecas.
Al llegar la puerta estaba cerrada, lo que significaba que me encontraba solo. Entre, cerré la puerta con llave y subí a mi cuarto, la casa estaba caliente y me sentí muy reconfortado al quitarme la ropa mojada.
Cogí mi toalla aterciopela y termine de secar el rastro de agua que habían dejado la lluvia sobre mi piel, tras cada pasada de la toalla aparecía seco mi bello pelirrojo y las muchísimas pecas que le guardo a quien sepa apreciarlas.
Me encontraba muy agosto en mi dormitorio sabiendo que además al día siguiente no tendría que madrugar, así que tendría tiempo para disfrutar de la soledad después de un largo día.
Esa tarde me habían acompañado una chica con unos ojos de un azul precioso, avispados y un pelín traviesillos abecés, también me había traído conmigo el recuerdo sus suaves labios de los que probablemente me acordara antes de conciliar el sueño.
Pero antes de irme a dormir era el momento de relajarme en la cama viendo alguna serie, hasta que en algún momento por algún motivo a veces obvio otras veces absurdo, podía ser un mensaje de buenas noches de alguien que tuviera muy presente en ese momento o una escena romántica que apareciese en la serie, mi cuerpo se encendiese y me empujara a secuestrar los recuerdos de esa tarde para poder rememorarlos.
Y así me desperté a la mañana siguiente en mi cama con la mesilla llena de pajas y un día soleado del que disfrutar sin obligaciones y por desgracia algún que otro que hacer.
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